La lucha contra el ébola es una lucha solitaria contra el tiempo. Este virus es una auténtica bomba biológica. Engaña el sistema inmunitario y deshace las venas. Y no hay otro remedio que los anticuerpos que el mismo enfermo fabrique. “Quèquicom” descifra todos los misterios del virus del Ébola, que está devastando África y que ya amenaza el mundo occidental.
¿Cuando aparecieron los primeros casos del ébola en el mundo? ¿Cómo se infectan de este virus, las personas? ¿Cómo se puede controlar el brote que afecta varios países africanos? ¿En qué casos hay más riesgo de contagio? ¿Cuáles son los síntomas más característicos? ¿Y cuál es el punto débil de este virus?


Este virus alargado ha causado la muerte de casi 5.000 personas este año. En diciembre habrá el pico más alto de contagio, según la OMS. Esto significa un ritmo de entre 5.000 y 10.000 infectados por semana en África. Sólo mide unas 10 micras de longitud pero es un ser muy peligroso. El brote de la epidemia del Ébola del 2014 es el más mortífero que ha conocido el mundo. Y el más extendido de la historia de África Occidental. Y no es que tenga más capacidad de contagio que otros troncos de este virus, sino que ahora hay más gente susceptible de ser infectada. El gran problema es que ha entrado en la ciudad.

La enfermedad del ébola se convertido en la principal causa de muerte en Liberia. Según datos de la Organización Mundial para la Salud, el virus mata 250 personas por semana. La primera epidemia fue el 1976 en la República Democrática del Congo y al Sur del Sudán. Entonces todavía se desconocía el virus y provocó 431 muertos. Desde entonces, ha habido 18 brotes del ébola en África. Los principales han estado en el Congo y en Uganda, donde murieron 254 personas el 1995; y 224, el 2000 y el 2007. La epidemia del 2014 ha avanzado imparable a pesar de los esfuerzos de la OMS, Médicos sin Fronteras y los gobiernos de Guinea, Liberia y Sierra Leona. Casi 5.000 muertos, ya. La doctora Lucy Parker fue Sierra Leona porque sabía que como epidemióloga podía aportar cosas útiles a Médicos sin Fronteras. Ella, que ha visto los efectos catastróficos de la enfermedad, explica a “Quèquicom” porqué resulta tan difícil frenar la expansión del virus en África.

El primer contagio fuera de África
España es el primer país con un caso de contagio fuera del continente africano. La infección de la enfermera Teresa Romero generó el pánico porque estuvo ella haciendo vida normal a pesar de tener los primeros síntomas de la enfermedad. La reportera del programa Georgina Pujol va al Hospital Clínico de Barcelona, que es uno de los dos centros del estado español con suficiente nivel de protección y aislamiento para atender pacientes infectados por el virus del Ébola. Ahí hacen cursos de formación de tres semanas para enseñar a los profesionales de la salud a ponerse y sacarse el vestido de aislamiento. Siempre hay un observador que supervisa las acciones de la persona que ha estado en contacto con el enfermo infectado. Cada vez que se sacan una prenda de ropa tienen que meter las manos en agua clorada durante un minuto, para evitar contacto con fluidos del exterior. Dado que sacarse el equipo de protección es uno de los momentos de más riesgo de contagio, la enfermera Laura Tardo le enseña a la reportera como sacárselo a paso.

Los investigadores
En este capítulo también visitamos el Centro de Investigación en Sanidad Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona y el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias. Se trata de uno de los únicos laboratorios del estado español con biocontención de nivel 3 donde se estudian enfermedades infecciosas zoonòticas emergentes que transmiten los animales, tan domésticos como salvajes. Entrar en las zonas del laboratorio donde se manipula los virus es como entrar en el corazón de una cebolla. Se tienen que atravesar varios compartimentos con unas exigencias severas de descontaminación. Lo más importante es no diseminar hacia el exterior los virus de las enfermedades exóticas que investigan. La reportera entra para saber cuáles son los protocolos de seguridad biológica que se tienen que seguir para manipular microorganismos como el mers-coronavirus que llegan a las personas a través de los camélidos y causan la muerte al 35% de las personas que se infectan. El Dr. Xavier Abad es un experto microbiólogo y virólogo que también estudia la persistencia de los virus en el medio ambiente.

Un virus con nombre de río

Al corazón de África hay el río Congo. Su cuenca es inmensa: hace 7 veces la península ibérica. El Congo es el segundo río más caudaloso del mundo, después del Amazonas. Pero es el más hondo, con puntos de 230 metros de profundidad. Uno de sus afluentes es el Mongala, que está alimentado, en su cabecera, por el río de las Aguas Blancas, el Legbala, también llamado Ébola.
En este entorno, vive un murciélago gigante, frugívoro, que mantiene un cierto equilibrio con un virus. Se trata del virus del Ébola, que complica la vida a los murciélagos, pero que generalmente no los mata, sólo a los especímenes más viejos o enfermos. Y es que, los virus que matan todas sus víctimas no tienen futuro, tarde o temprano se quedan sin huéspedes y ellos también desaparecen. La evolución ha preservado aquellos virus que no matan o matan poco.
El problema aparece cuando un virus migra a otra especie que le resulta desconocida; entonces pueden pasar dos coas: que no haga nada o que cause verdaderos destrozos.
Esta situación se dio el 1976 cuando un maestro de escuela – que se llamaba Mabalo- enfermó con este virus del Ébola, un virus inofensivo para los murciélagos, pero mortal para los hombres.

Una infección que acalla a los guardianes
Si no hay heridas, los virus no nos atacan por la piel, sino por las mucosas (ojos, nariz, boca, etc.). Para protegernos, a todas las mucosas hay una barrera hecha a partir de unas células encargadas de capturar a los extraños, desmontarlos y mostrar sus restos para que el sistema inmunológico cree la respuesta adecuada. A pesar de esta barrera defensora, siempre hay virus que la traspasan y consiguen llegar a su objetivo. Cada virus tiene sus preferencias: si es el de la hepatitis, por ejemplo, atacará las células del hígado.
El virus entra a la células y la esclaviza. Hace que con la replicación del ADN celular se replique también la información genética del virus. Así, el virus se multiplica y, generalmente, la célula revienta y el virus se disemina. Así evoluciona una infección vírica.
En todo este tiempo, sin embargo y si todo va bien, el sistema inmunológico habrá sido capaz de crear suficientes anticuerpos para neutralizar los virus invasores. No los matará porque estrictamente los virus no se pueden matar (no tienen actividad metabólica y no se puede matar una cosa que no está viva), pero se pueden destruir o bloquear para evitar que puedan infectar. Los anticuerpos se encargan de hacer este bloqueo virus por virus, uno por uno, hasta que la enfermedad remite; pero te los tienes que diseñar tú, cada vez y a medida, según qué sea el tronco que te haya infectado.

Un virus poco selectivo

No sirve de nada tomar antibióticos en caso de una infección vírica, como el ébola o la gripe. Los antibióticos sólo sirven para infecciones bacterianas. Por eso se dice que la gripe, sin antibióticos tarda 7 días, y con antibióticos sólo una semana.
La lucha contra el virus del Ébola, sin embargo, es más complicada que de costumbre: las células defensoras de las mucosas pueden capturarlo, pero son incapaces de desmontarlo y de mostrar los restos al sistema inmunitario. El virus las ataca: se replica en su interior, las mata y la infección se extiende. No es un virus nada selectivo, además de las células defensoras puede atacar multitud de células: las musculares, las del hígado, las de los riñones, etc. Y también a las células de las paredes de los vasos sanguíneos, que se encargan de hacer que estos sean impermeables, de forma que arterias y venas empiezan a perder sangre. Además, los factores de coagulación se ven afectados y por eso los infectados del Ébola tienen hemorragias. La sangre, responsable de traer el alimento, el oxígeno y las defensas a los órganos enfermos, está inutilizada, desparramándose por el cuerpo.
La salud del afectado empeora muy rápidamente, y sin que el sistema inmunitario haya dado aviso de invasión, ni las características del invasor. Los guardias están o muertos o mudos. Sólo cuando la infección ya se ha hecho realmente importante, el sistema inmunológico lo advierte y empeza a diseñar y a fabricar anticuerpos. Pero lo hace muy lentamente, puesto que el sistema inmunológico también está afectado.

El papel de los anticuerpos
El virus del Ébola es una auténtica bomba biológica. Desde el momento de la infección, empieza una cuenta atrás hacia la muerte. Sólo uno mismo puede pararlo fabricando sus propios anticuerpos específicos contra el virus. Y harán falta tantos como unidades de virus haya. Teniendo en cuenta que el virus del Ébola debilita el sistema inmunitario y que no para de multiplicarse, el problema es grande.
Los médicos tratan de mantener vivo al paciente hidratándolo y haciéndole transfusiones, y se intenta ganar tiempo dándole anticuerpos procedentes de personas que han sobrevivido a la enfermedad. Pero los anticuerpos siempre son desechables, de forma que estos anticuerpos de otros infectados pueden servir para reducir la carga viral pero no paran la cuenta atrás. Es necesario que la persona infectada resista suficiente tiempo como para poner en marcha su propia fábrica de anticuerpos a todo ritmo para desactivar hasta el último virus. Sólo personas fuertes y con una buena respuesta inmunitaria pueden salvarse.

Los expertos
Participan en este programa el Dr. Ildefonso Hernández, catedrático de Salud Pública de la Universidad Miguel Hernández y presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria; la Dra. Lucy Parker, epidemióloga de Médicos sin Fronteras y profesora de la Universidad Miguel Hernández; el Dr. Antoni Trilla, jefe de Epidemiología del Hospital Clínico de Barcelona y profesor del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona; el Dr. Jordi Serra Cobo, profesor del Departamento de Biología Animal de la UB y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio); Francesc Xavier Abad, jefe de Laboratorios en Biocontención del Centro de Investigación en Sanidad Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona; el Dr. Josep Maria Gatell, jefe de Enfermedades Infecciosas y sida del Hospital Clínico y catedrático del Departamento de Medicina de la Universidad de Barcelona, y la enfermera de cuidados intensivos del Hospital Clínico de Barcelona Laura Tardó.