El Club Marina no és una d’aquestes reunions secretes que decideixen el futur del món. De fet es va crear a finals dels anys 90 i es podia veure els seus integrants reunint-se al cafè Versalles del barri de Sant Andreu de Barcelona i d’un temps ençà han canviat el punt de trobada pel cafè Salambó del barri de Gràcia.
Els integrants d’aquesta banda són professors i escriptors i l’eix central de les reunions, a banda de parlar del bé i del mal (la principal ocupació humana) era parlar i comentar les lectures compartides. I com que un dels motors de la vida és aquesta necessitat d’anar una mica més enllà, fa un parell d’anys van començar a posar damunt la taula la possibilitat de saltar de la teoria a la pràctica, és a dir, deixar de parlar de llibres dels altres i fer-ne de propis.
El camí escollit va ser el del relat curt i així es començaven a gestar “Los días lábiles”, el primer recull del Club Marina que acaba de publicar Stonberg, prologat per Àngels Campos Martínez, catedràtica de Llengua i Literatura.

El Club Marina en una de les seves reunions

Eugenio Asensio, Amanda Gamero, Jorge Gamero, Mercedes Gascón, Javier López, Herminia Meoro, Mariela Puértolas, Susana Tomás i Lara Vázquez són els integrants d’aquest Club que s’ha decidit a baixar a l’arena i a mostrar les seves creacions literàries amb un conte per cap que dóna forma a aquest llibre.
I de fons, un dia, vint-i-quatre hores que és el lapse de temps escollit com a eix de treball dels nou autors Les diferents històries es mouen en aquest marc temporal, mantenint aquesta idea que reflecteix el títol, el concepte “làbil”, entès com alguna cosa que rellisca amb facilitat, que té un caràcter poc estable, que es transforma sense gaires problemes.
Sentiments humans emmarcats en aquesta capsa concreta i temporal i l’habilitat de 9 narradors per passar al paper molts anys de debat amical i intel•lectual, convertint les seves reflexions en narracions. Les històries que presenta el llibre mostren que aquests anys de tertúlia no han resultat inútils i que els integrants d’aquest petit lobby poden saltar els límits de la seva taula de reunió i aspirar a captivar lectors que no han compartit taula, paraula i beguda amb ells. Una bona iniciativa que té tota la pinta de tenir continuïtat.
Un dels integrants d’aquest club gens secret és Jorge Gamero. I ell és precisament qui ens acosta, en nom del Club Marina, les idees que han provocat la gestació d’aquests dies que passen i que persegueixen l’objectiu de deixar marca en l’ànima dels lectors.

"Los días lábiles", Club Marina

Estos sólidos días lábiles de mayo
En este mundo de las letras la vanidad campa a sus anchas, muchos egos apuntan a las nubes. Hasta que algunos, se quedan allí flotando para siempre, y ya no hay manera de hacerlos bajar. Porque se creen diferentes y además, ejercen de ello, pero no lo son en el evidente sentido en el que lo somos todos, sino en aquella dirección en que querrían serlo, y acaban naufragando en la falacia de la originalidad. Pero esto no es ningún ajuste de cuentas, es solo un punto de contraste con el Club Marina de escritores.
Porque de repente, ocurre que un grupo de amigos, la mayoría profesores, algunos con obra individual publicada, decidimos que queríamos asomarnos al vértigo de la vanidad, y lo hicimos con muchas horas de lectura, comentarios de libros y textos puestos en común a nuestras espaldas para ofrecer un resultado que fuera, si no una sola voz, algo quizás utópico, si una voz enriquecida de matices y exenta de esos egos revueltos que diría Juan Cruz.
Una vez dimos por terminado el libro, el azar nos llevó hasta un editor honesto, Jordi Castelló de Stonberg Editorial, a quien poco le importaban las hazañas de cada uno de nosotros, el pedigrí o la ciencia contrastada de sus autores sino solo una cosa: la calidad del texto, su capacidad de hacerlo disfrutar como lector. Y nos puso en el escaparte.
Los autores somos, según el orden alfabético en el que aparecemos en el libro: Eugenio Asensio, Amanda Gamero, Jorge Gamero, Mercedes Gascón, Javier López, Herminia Meoro, Mariela Puértolas, Susana Tomás y Lara Vázquez. Pero el grupo está formado por diez personas si contamos a una de las pioneras, Guadalupe Mendoza, que de momento no participa como autora. Por otra parte, el libro se abre con un minucioso prólogo de Àngels Campos, vinculada a algunos colegas del grupo desde antes de que el mismo existiera, y que quizás participe en proyectos futuros.
El resultado es esta antología de relatos, Los días lábiles, el fruto de un proceso personal y colectivo de creación literaria. Partiendo de una sola consigna común, el espacio temporal de veinticuatro horas de la vida y la intimidad de unos personajes en manos del azar inteligente, y del tiempo lábil e inaprehensible, cada texto fue expuesto sobre la mesa de disecciones de un café, el Salambó de Barcelona, para entre todos elevarlos a la categoría de textos sugerentes, limpios, literarios; esa mágica condición.
Otro denominador común es la extrañeza que irrumpe en la conciencia de los personajes, debido a unas circunstancias que les han empujado a cruzar la línea divisoria que separa lo conocido, de la incertidumbre. Los personajes saben que poco o nada pueden hacer por evitar el golpe o el cambio. En algunos casos, cabe adaptarse a la nueva realidad, en otros, solo queda el abismo.

La presentació de "Los días lábiles"

No vamos a desgranar la historia que desarrolla cada uno de ellos, ese descubrimiento se lo dejamos al lector, pero a modo de abanico o arco iris, les diremos que Los días lábiles abarca desde la épica cotidiana, la épica a la que nos ha abocado la crisis, de la que todos, en alguna medida, hemos sido víctimas; hasta la metamorfosis de Sabina, profesora universitaria y lectora de Gombrowicz, en actriz y cajera de supermercado. Pasando por la lírica del fracaso, la de un personaje acorralado por sus propios miedos, o por una ciudad como Oporto, que de repente se convierte en mujer para seducir, para robar la voluntad de un marinero que iba de paso. O el viaje interior a través de la memoria que busca a tientas, tratando, tal vez, de reconciliarse con el pasado, la de alguien que se propone escoger el que ha de ser el último pensamiento de su vida. Tenemos también a judíos ocultos en la Praga de 1942, en una historia de amistad en la que la belleza se convierte en un último acto de rebeldía y libertad, a una escritora a quien la metaliteratura le sirve de soporte para encontrar el desenlace de la propia existencia. Tenemos a una serie de amigos sometidos a las leyes del engaño, la soledad y el desencanto, que proyectan en melodías y canciones sus circunstancias y deseos íntimos desde las vivencias de una noche de juerga y sus consiguientes resacas del alma. O un recorrido sentimental por la ciudad de Nueva York, para dejar atrás un viejo amor, mediante encuentros azarosos y la memoria, ilustrada por músicas y autores de culto.
La presentación de este libro reunió el pasado 11 de abril a más de 180 personas en la sala d’actes de la Biblioteca Sagrada Familia. Intervino como moderador y conductor del diálogo con los autores el escritor y crítico Elías Gorostiaga. En Sant Jordi, Los días lábiles fue el libro más vendido de la Editorial Stonberg.
Nos espera una inminente segunda edición, alguna otra presentación este verano en Barcelona, septiembre en Madrid, la suma de nuevos lectores, el deseo de nuevos proyectos para confirmar la sospecha inicial: que era posible. Sí, la complicidad y la amistad literarias pueden producir obras que las merezcan, desde el encuentro de un grupo de letraheridos entorno a la maravilla de la literatura, a veces único y sólido punto de conexión. Eso que estos días, una vez más el poderoso azar… nuestro amigo Enrique Vila-Matas se ha propuesto demostrarnos con su Marienbad eléctrico.
No es vanidad, no les hemos contado ni una sola mentira. Aunque la mayor verdad sin embargo está en ese espacio que va entre el libro y ustedes, eso que se teje a medio camino, ese mundo lábil y mágico de la lectura que les está esperando.


Gràcies, Jordi.

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