El periodista Albert Lladó, editor de la Revista de letras, acaba de fer el salt a la novel•la amb La puerta (Afortiori Editorial 2013) després de publicar un llibre de relats, un d’entrevistes i un d’aforismes.
L’Albert aconsegueix que el seu protagonista, a qui la lectura de l’obra fa intuir alguns punts de proximitat amb l’autor, es mogui per la ciutat de Barcelona, convertida una vegada més en escenari vital i en alè d’argument i que es vagi dibuixant un encadenat de postals gens turístiques que, a la vegada que són escenes de la història, aspiren a convertir-se en el pols real de la vida.

Albert Lladó - Foto Merixell Gutierrez

Podrien ser fotogrames detallats d’una realitat que s’encomana, que conviden a ser descoberts o visitats de nou i que a mans de l’autor basteixen tot un univers personal, de vegades oníric però sempre d’una solidesa aclaparadora.
L’Albert va dibuixant imatges de vegades càlides i delicades, de vegades d’una contundència rotunda i absoluta, sempre al servei de la construcció d’aquesta història que creix pàgina a pàgina de la mateixa manera en què va creixent la ciutat, a força d’acumular racons, descobriments, lectures i experiències, amb la suma de la mirada minuciosa, el cervell àgil i la descoberta sorprenent.
El mateix Albert, amb aquesta visió d’imatges sòlides i encadenades ens presenta la seva visió personal del llibre:

I
Novela-palimpsesto
Me gustaría pensar que La puerta es un libro que contiene muchos libros adentro. He querido ofrecer al lector una suerte de abanico para que sea él quien escoja su propia novela. Podrá leer, según su opción de lectura, una historia de amor (a una mujer y a una ciudad), un relato de iniciación, una reflexión sobre la pérdida, un homenaje a Jesús Lizano, un acercamiento a los principales símbolos de la masonería, una ruta por los bares modernistas de Barcelona, una lucha entre las divergentes teorías de conocimiento (racionalismo versus empirismo), un guiño a Cortázar y Breton, o simplemente un sitio donde escuchar jazz y recordar a la Nouvelle vague.

II
Cuaderno de notas
El narrador escribe un cuaderno de notas como los que utiliza Bryce Echenique en su díptico Cuadernos de navegación en un sillón Voltaire. Se trata de un ejercicio de memoria (por lo tanto, de construcción, de artificio literario) desde donde trabajar la autoficción. El protagonista se llama Albert Lladó para establecer un juego de acercamiento, verosimilitud, y más tarde de distancia, con el autor.

Albert Lladó - La puerta

III
Hermenéutica intuitiva
El protagonista avanza des-velando símbolos y señales, descubrimiento conexiones, como parte de un proceso de búsqueda intuitiva, a partir de coincidencias, nunca como una investigación apriorística. La única brújula posible es la casualidad, fenómeno al que los surrealistas llamarían “azar objetivo”, y que Cortázar rebautizaría como “figuras”. El propio proceso de escritura está lleno de esos encuentros fortuitos (la editora se llama De “La Puerta” y en el bloque de pisos en el que transcurre la acción vivió -lo supimos después- un periodista que escribía en el mismo diario que yo y que se apellidaba igual).

IV
Arquetipo
Blanca, siguiendo arquetipos como La Maga o Nadja, es un genio inspirado e inspirador que funciona como puerta hacia lo maravilloso. El encuentro con la mujer es el auténtico puente que conecta con un mundo distinto al ordinario.

V
Lo periférico
La masonería no es presentada como un lugar secreto desde donde se conspira, sino una forma más que encuentra el protagonista para interpretar conceptos como libertad o igualdad a través del ritual, cuando el lenguaje, gastado, le es insuficiente. La noche también es, entonces, una mirada nueva a la ciudad, que se convierte en mapa y mito. Son maneras de luchar contra la acumulación de inercia, tipos de resistencia ante lo establecido, contra los dogmas, una apuesta por la heterodoxia como paradigma. Leeremos, así, que pasear diferente es pensar diferente.


Biblioteca de l'Ateneu Barcelonès

VI
Literatura potencial
La puerta es un ejercicio de reescritura. La edición primitiva, publicada hace tres años, ha ido modificándose oración a oración como en un ejercicio de OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle). El experimento consiste en trabajar la idea extendida de que todo autor siempre está escribiendo el mismo libro. El argumento ya dibujado anteriormente será el escenario y el límite desde el cual, paradójicamente, se rastreen las brechas para la libertad creativa.

VII
Imágenes y premoniciones
Hemos incluido fotografías que ilustran un itinerario. Algunas, ayudan a documentar la atmósfera. Otras, por su situación aleatoria en el libro, funcionan como una especie de premonición. Imágenes que son analepsis o prolepsis. Se convierten, claro, en una parte más del relato.

VIII
Eterno retorno
La estructura es circular, y la primera y segunda parte repiten los nombres de los capítulos en un índice al que hemos llamado “ruleta”. Las referencias a Heráclito o Nietzsche van en este sentido. Deleuze y Guattari, en Mil Mesetas, diferencian dos tipos de tiempo. Por un lado, el Cronos, el tiempo considerado “normal”, el orden, que es mesurable con las medidas estables del reloj. Es el tiempo en el que vive el narrador cuando está escribiendo el cuaderno de notas. Por otro lado, tenemos el Aion, el tiempo que no se puede atrapar, que no es hoy ni mañana, que no tiene territorio, que huye (el pasado que el narrador intenta recrear con su escritura).

Parc de la Ciutadella

IX
Lo Bello y lo Trágico
Las palomas y las cigüeñas, así como otras alegorías más o menos evidentes, ponen en conflicto los opuestos, las apariencias y la confusión entre el territorio de la estética y de la ética.


X
Puertas abiertas
La muerte es una transmutación, un cambio de ciclo que nos devuelve al niño que hemos sido, y zarandea al protagonista, que deambula entre el nihilismo pasivo (agorafobia) y el nihilismo activo (creación).


Gràcies Albert.


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