Los Libros de la Frontera segueix amb el seu magnífic i delicat treball editorial A la col•lecció de poesia El bardo ha publicat La poesía es un fondo de agua marina, el nou treball del poeta Santiago Montobbio (Barcelona 1966). Es tracta d’una mena de llibre riu, arrencat el mes de febrer del 2009 després de 20 anys de silenci poètic.

Santiago Montobbio (Fotografia : Anna Xalabarder)

La inspiració esdevé compulsió i sorgueixen poemes a raig. Un grapat de poemes cada dia que s’han acabat convertint en aquesta espècie de dietari poètic que ens permet seguir les evolucions quotidianes de l’autor des d’aquesta mirada de voluntat lírica que s’ha acabat convertint en un llibre amb tota la bellesa estètica de les edicions de Los Libros de la Frontera i una capacitat d’empatia més que notable.

La poesía es un fondo de agua marina - Santiago Montobbio

El mateix Santiago ens ho explica.

Santiago Montobbio (Fotografia : Anna Xalabarder)

Hacia febrero del año 2009, y después de veinte años de silencio (porque el arte es misterioso), vi que volvía a escribir algún poema. Una prosa que no se sabía si era ya poema, entre otras, algún poema algún día, como pasos previos que anuncian y vuelven a un camino, y luego, ya el 12 de marzo, diez poemas, y a partir de ahí muchos poemas cada día. Yo no sabía, esos días de febrero, al empezar a escribir, cuánto iba a escribir. Quizá algunos poemas, un grupo, un pequeño libro. No sabía. Pero al ver que fluían de manera constante y copiosa, cada día, al levantarme sacaba hojas en blanco, y empezaba el primer poema del día con el número 1, y así seguía. Según el día llegaba al 15, al 27, o al 32, o al 40. A veces, claro, escribía en alguna de las libretas pequeñas que para conmemorar los 25 años de la Agencia Española de Cooperación en Nicaragua allí habían hecho, y que me había dado mi hermana Elena, que era su coordinadora, o en algún otro papel volandero.

Santiago Montobbio (Fotografia : Anna Xalabarder)


Recuerdo, por ejemplo, que el poema número 24, el de “El poema es erosión y pérdida”, y tantas cosas, fuerzas, heridas y elementos, lo escribí mientras andaba por la Vía Augusta, tras salir de la consulta de un médico al que acompañé a mi madre, y que sólo tenía para hacerlo un minúsculo e incómodo bolígrafo de la agenda de ella y el libro que había llevado para mitigar la espera a cuya sala da nombre y que era –lo recuerdo- Pasos en la arena, de Remy de Gourmont. Así que ese original está allí. Tuve que apoyarme algún momento en algún árbol. También tuve que pararme otro día en un banco de la Diagonal para escribir el poema que da título a este libro y al que después me referiré, tras salir de acompañar de su sesión de recuperación a mi madre. No dudas, me dijo, tras ver el modo –la rapidez, la urgencia, el seguir exacto de un dictado- en que lo escribía. Pero, en todo caso, fui numerando los poemas y pasándolos en el ordenador según este orden natural en que se escribían. Fueron 438 en tres semanas de marzo y unos días de abril. Luego, en verano y otoño, volví a escribir otros 500, hasta alcanzar un total de 942. Pero esta segunda etapa no está aquí ya contemplada.


Santiago Montobbio (Fotografia : Anna Xalabarder)

Una vez ya escritos, quedaba el problema o asunto de organizarlos. Los leía alguna vez, los respiraba, los vivía. Tras algunos esquemas o planteamientos, con el paso de los días y de manera gradual, como quien disipa una nebulosa y al final resulta clara, o tal se desprende un fruto que en esta poesía estaba guardado pero que requería de cierto tiempo para madurar y así desprenderse, se me fue apareciendo nítida la idea de que estaban muy bien como estaban, del modo exacto en que habían salido, como una música que enlaza, amplía y varía en sus motivos. Que vuelve y reaparece. Que insiste, como en su arte el artista hace. De un modo –me pareció- natural y sabio como otro no podía buscarse y que, sobre todo, no resultaría así, precisamente esto, tan natural. Estaba bien que la organización de los poemas estuviera tan cerca de su origen, de su nacimiento e impulso primero. Así, y fuera de dos secciones, que agrupé por afinidad y extraje para ello sus poemas de aquí y de allí (las representaciones, digamos, y los narrativos largos, entrecortados por otros), las secciones las constituían los mismos días: 12 de marzo, 13 de marzo, 14 de marzo, etcétera. No tenía título para el conjunto hasta que se me apareció, con la exactitud de un don y como un regalo, mientras paseaba por la calle: Estos días de marzo, un título que no tiene pretensión, podríamos decir, porque no pretende nada, pero que a la vez lo dice todo. Resume y condensa la esencia y el furor creativo de esos días, la intensidad de todos sus momentos, poéticos todos, como en ellos y en el poema número 147 del que proviene el título se dice. Pero, como puede pensarse, esta organización exige un volumen de una extensión considerable, y por ello he realizado también una selección representativa de estos poemas, que aquí se presenta y que quizá requiere alguna explicación. Es representativa, sí, pero no tan amplia y no pueden ya contemplarse en ella los días de escritura como conjuntos. Pero, en cambio, los poemas están dispuestos por orden de aparición, como dice el poema número 173, que comenta una posibilidad que aquí se realiza a su manera y del que proviene también el título del volumen: La poesía es un fondo de agua marina. A su manera, digo, porque los poemas están por orden de aparición, pero no están todos, y de ahí la numeración que llevan, y que se pase del número 24 al 27, o del 37 al 40, pese a ir seguidos. Porque van seguidos pero llevan el número que tienen entre los 438 que escribí esas tres semanas de marzo y unos días de abril, el número y también el día de su escritura. Es toda la aclaración que quería hacer. Porque se pueden leer como un libro, así compuesto.


Santiago Montobbio (Fotografia : Anna Xalabarder)

Es de esperar que haya otro momento en el que dar a conocer este ciclo de poemas de un modo más completo, de poemas y días, pero también que este libro, La poesía es un fondo de agua marina, llegue a sus manos, a su corazón y a sus adentros, y como anuncio y semilla de esta nueva poesía allí se cumpla.


Gràcies Santiago.


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